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Foto: eltribuno.info
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¿Qué nos queda por ver?
A estas alturas, estos certámenes ya nos han anestesiado con un sinfín de variedades. Sin embargo, desde que apareció el primero, en el lejano siglo XIX, mucho han cambiado sus requisitos. Lejos de simplificarse, cada vez son más exigentes y aunque su leitmotif siga siendo el físico, presumen de no olvidarse de la elegancia, la personalidad, el porte, la conciencia social o la cultura, esta última con una nota de corte mucho más básica que cualquier pregunta del Trivial Pursuit, eso sí.
Las candidatas con sus caras de barbies, rubias o morenas, no se limitan a hacer el papel de dulces caramelitos en tacones envueltos con sus mejores galas. Ahora deben hacer acopio de un gran número de aptitudes para las que se preparan durante meses porque alguna de ellas no fue concedida por la divina naturaleza.
Los certámenes más conocidos sobre la faz de la Tierra son sin duda el de Miss Universo y Miss Mundo, ambos con más fama en uno u otro continente y con distinto benefactor, pero con un elenco de bellezas similar. Cada vez que se despliega una de estas espectaculares galas (el último Miss Universo el pasado 9 de noviembre fue en Moscú) algunas feministas agarran sus pancartas para recordar que las mujeres no han venido al mundo para ser reducidas a meros objetos. Otras, sin embargo, aducen que la palabra “libertad” significa que la mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera y, por qué no, entre esos deseos está el de subirse a una pasarela para desfilar.
De hecho, muchos espectadores e internautas que votaron en la elección del pasado Miss Bum Bum, en São Paulo, no criticaron a las quince señoritas brasileñas que recorrieron una pasarela, primero vestidas de noche y después en bikini, para mostrar su pandero natural y hacer la elección del mejor trasero de Brasil. Y es que tal y como reconoció una de sus concursantes el año pasado: "Después de toda la controversia, hasta Dios quiere sabe quién es la próxima Miss Bumbum Brasil”.
